Este preámbulo no es para referirme a ningún Ernesto, sino al otro sentido: la importancia de ser honesto, serio y riguroso, especialmente en el ámbito profesional, aunque son virtudes muy apreciadas en cualquier situación.
En el ejercicio de nuestras funciones, como habilitados estatales, estas actitudes son además exigibles y sin duda alguna las tenemos siempre presentes en nuestra actividad diaria. Ahora bien, no son sólo predicables cuando fiscalizamos o informamos sobre comportamientos ajenos, sino que debemos aplicar la misma seriedad, rigurosidad y sobre todo honestidad en nuestros propios actos, porque esta es la única manera de dar fortaleza a nuestras funciones; no se puede exigir a los demás lo que uno mismo no se exige. Cuando esperas de otras personas que realicen una tarea con esfuerzo, interés, generosidad y seriedad, con exigirlo o imponerlo nunca va a ser suficiente; si uno mismo no se exige y demuestra estas actitudes, se pierde toda la credibilidad y la autoridad, si llegado el momento se tuviera que imponer. Si quieres puntualidad y diligencia, has de ser el primero en llegar; si necesitas el esfuerzo y trabajo de los demás, debes ser el más esforzado; si quieres seriedad y rigurosidad hay que ser estricto con uno mismo; y si lo que esperas es un comportamiento honesto de los que te rodean, hay que grabarse a fuego en la frente "la importancia de ser honesto".
Vicente Frontera